domingo, 16 de junio de 2013

Esperar



El cielo comenzó a oscurecer, y las primeras estrellas de la noche florecieron parpadeantes mientras yo permanecía allí sentada.
Se levantó una brisa agradable y fresca que reemplazó el bochorno que nos había hastiado durante todo el día. No sabía calcular cuánto tiempo llevaba en el jardín, sentada en la silla de mimbre, esperando que sucediera lo que tanto tiempo llevaba deseando.  Con el soplo de aire, pensé que el verano acababa y, sin quererlo, olvidé mi obsesión. Recordé que pronto volvería al colegio, lo cual me indujo sentimientos contradictorios.
Por aquellos días no sabía si la escuela me gustaba o no. Me moría de ganas por ver a mis amigas, por explicarles las vacaciones y escuchar las suyas, por jugar a la comba en la hora del recreo e intercambiar con ellas cromos de dibujos. Por otro lado, no me apetecía aguantar las clases, ni ver a la profesora de matemáticas. ¿Cómo conseguía asustarnos tanto aquella mujer? Me la imaginé llegando el primer día, con su rostro severo y arrugado, no de vieja, sino de enfadada.  Las cejas fruncidas, los labios apretados. Tenía la imagen en mi mente de la forma en que solía subirse las gafas con un dedo. Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando recordé su voz mencionando mi nombre, y me entristecí.
En ese instante mi abuela abrió la puerta del patio y yo volví a la realidad como quien despierta bruscamente de un sueño. Ella se me quedó mirando, esbozando una sonrisa tierna.
Mi abuela era la señora más moderna y guapa del vecindario, y yo estaba orgullosa.  Llevaba el pelo rubio, siempre muy bien peinado, las uñas rojas y en sus mejillas jamás faltaba colorete. A veces, cuando la acompañaba al supermercado o ella me llevaba al parque, todos pensaban que yo era su hija. Cuando esto ocurría mi abuela reaccionaba con una risilla, y se restaba méritos, tratando de ser modesta. Pero luego, durante la cena lo explicaba a mis padres con orgullo. Siempre decía que esos comentarios le alegraban el día.
-Entra en casa, o te constiparás- me dijo mi abuela.
No repliqué, aunque estaba cómoda en el jardín. Me levanté de la silla y me dirigí hacia el interior de la casa. Cuando pasé por su lado colocó su mano cálida en mi cabeza y me acarició el pelo. Su contacto siempre me aportaba seguridad, como si a su lado nunca me pudiera suceder nada malo.
Y de repente, recordé mi obsesión.
-¿Han llegado ya?- pregunté, impaciente.
-No, aún no. Pero no tardarán mucho más.
En el salón, me senté en el sofá. Adopté una esquina como mía, igual que un cachorro. Normalmente me estiraba, pero aquella noche algo en mi interior no me dejaba ser yo misma.
Mi abuela encendió la tele, y puso el canal de dibujos animados. Eran mis preferidos, sin embargo, no podía concentrarme. Sólo pensaba en que el tiempo pasaba lento y tedioso. Y en mi obsesión.
Al cabo de un rato oí la llave girar en la cerradura. Cuando la puerta se abrió, despacio y con cuidado, yo salí corriendo hacia el recibidor. Mi abuela me siguió, más tranquila, por supuesto.
Ante mí se encontraban mis padres. Sus rostros estaban iluminados, al menos a mí me pareció que ambos mantenían una expresión feliz. Nunca había visto tan guapa a mi madre. Ella llevaba un bulto en los brazos que estaba cubierto por una mantita rosa. Se agachó para mostrármelo, y entonces vi la cara de mi hermana.
Era pequeña, frágil, un tanto arrugada.
-Ésta es tu hermanita- dijo mi padre.
La observé detenidamente, maravillada. Tenía los ojos cerrados y en su rostro se reflejaba una serenidad que yo  jamás había visto antes.  La boca era tan pequeña que no parecía una boca, solo una brecha en la cara diminuta. Pasé un dedo por su mejilla, con suavidad. Era extremadamente sensible. En ese momento me sentí mayor, adulta. Me comparé con ella. Era tan pequeña…

6 comentarios:

  1. Un relato que destila ternura por todos sus poros. Ahora mismo te enlazo.

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    1. Muchas gracias El satrecillo valiente. Yo he visto tu blog y he leído un relato que me ha gustado mucho.
      Con tiempo los iré leyendo todos!
      Saludos!

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    2. ¿porqué no pones un widget de seguidores? Te sorprenderías!!

      SALUD!!!

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    3. ¿Ah sí? No sé cómo se hace. Es que soy nueva en esto de los blogs, y aún tengo que investigar jejeje. Gracias por la sugerencia El satrecillo valiente!! :))

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  2. Me ha encantado. Es un recuerdo feliz que destila ternura. Hacia tus padres, hacia tu abuela, hacia tu recién estrenada hermana...
    La profesora de matemáticas, con su expresión de enfado permanente ya es otra cosa jajaja.
    Escribes muy bien, me doy cuenta de que eres una 4x4 con la escritura y la fotografía.

    Un saludo!

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    1. Me alegro de que te haya gustado M. Yo creo que una de las etapas más felices de la vida es la infancia. Al menos, estás tan protegido que no puedes ni imaginar nada malo, y cualquier cosa te impresiona.
      Espero haber reflejado correctamente el punto de vista de una niña. ¡Gracias por lo de 4x4 jejeje pero creo estar muy lejos de serlo! Sobre todo en fotografía, que aunque siempre me ha gustado no me he puesto en serio hasta hace poco.
      ¡Un saludo!

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