miércoles, 19 de junio de 2013

Las personas que viajaban en transporte público


Hay personas que cuando suben al autobús se sientan a tu lado. No importa que esté vacío, que tú seas el único pasajero que viaja, ni que ellos tengan el privilegio de elegir el sitio que más les guste. Te ven a lo lejos y se dirigen a ti. Tú eres un imán y ellos son todos los metales. Después, cuando el conductor ya ha arrancado, esperan unos segundos, los cuales invierten en mirar el perímetro con semblante aburrido, y entonces llega el momento: te preguntan algo. A veces no es una pregunta, sólo te hablan del tiempo. Da igual que vayas leyendo Juego de Tronos o escuchando el último disco de Manel. Te hablan igual.  Y te llaman nena, aunque ya hayas cumplido treinta años.
También hay personas que viajan en el lado de la ventana y, sumidos en un despiste máximo, no recuerdan en qué parada deben bajar hasta que las puertas ya están abiertas. Entonces se levantan desesperadas, y tú, que vas en el asiento del pasillo, tienes que reaccionar tan rápido como él/ella. Pero claro, es imposible. Coges el bolso y la chaqueta para poder dejarle paso, pero él/ella no puede esperar tanto. La gente está bajando y las puertas se cerrarán de un momento a otro. Entonces te arrollan. Tú, en un gesto rápido, te plantas de pie en el pasillo y llega el momento: plaf! Las mil páginas de Juego de Tronos han caído al suelo como un ladrillo.
En cuanto al civismo, hay de todo. A algunas personas, al ver subir una mujer embarazada o unos ancianos, les falta tiempo para ofrecerles su asiento, y otras, se hacen los dormidos fingiendo no haberlos visto.
Hay gente que haría lo que fuera por conseguir un sitio en el metro. Pierden los modales y no les importa. He llegado a ver el caso de un señor que estaba a punto de sentarse en un asiento que había quedado libre, y una mujer (ella estaba más apartada), al verlo, aceleró el paso con el propósito de llegar antes. Dado que el señor estaba a punto de sentarse y la mujer tuvo que filtrase entre él y el asiento para conseguir el sitio, fue un robo a mano armada. Al final la señora ocupó el lugar, se salió con la suya, y cuando el hombre se quedó atónito sin saber muy bien qué decir, ella se limitó a exclamar con una voz un tanto repelente: no, no, no, no.
Pero también he visto gente detenida ante un mapa ayudando a turistas a encontrar la línea que va al centro. Y gente que ayuda a las madres a bajar el carrito del bebé. Parejas que por las mañanas viajan cogidas de la mano, y cuando tienen que separarse en Sagrada Familia o Tetuan les cuesta  decirse adiós.
 Ya lo dijo Cervantes: Cada individuo es una variedad de su especie.    

7 comentarios:

  1. Lücida reflexión, así es el transporte público. Te han faltado los adolescentes gritando entre ellos, de una forma que ni los Stones al 31 sonando en tu MP3 puede amortiguar.

    SALUD!!

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    1. jajajaja sí Sastrecillo, me han faltado los adolescentes y muchos otros! Lo que pasa es que no acabaría nunca, jejeje
      Saludos!

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  2. La observación de la gente que viaja en transporte público da para mucho. Reconozco todos esos casos que cuentas. Me enternecen los conversadores de autobús, los que ayudan a subir o bajar un carrito, los que ceden su asiento en seguida... No soporto a los que muy temprano, van con el reproductor de mp3 a toda pastilla, escuchando una mezcla de ballenato y technodance (y el resto del pasaje también). No me gustan los que plantan las bambas sucias en el asiento de delante en los trenes de cercanías, no me gusta el olor a rancio de algunos que son alérgicos al agua (lo cual me sería bastante indiferente si no fuese porque somos víctimas colaterales de esos efluvios).

    En fin. Es un ejercicio fascinante ir observando en el metro a los viajeros, observar sus zapatos e inventarte vidas para ellos.

    Seguro que tú ya lo haces.

    Viva George R. R. Martin! pero que escriba deprisita que me temo que para cuando salga el sexto, ya no me acordaré de quién es quién ;)

    Un saludo!

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    1. Sí, M. Yo tampoco entiendo cómo hay gente que va escuchando música tan alta de buena mañana! Encima, casi siempre, se ponen bailar (no de una forma muy exagerada, pero se van moviendo). Tampoco entiendo a las chicas que posan en el espejo del vagón y se hacen fotos, ¡como si alguien pudiera salir guapísimo en un cristal oscuro del metro! Yo creo que no se tiene que ver nada. En fin, hay de todo en el mundo, y sobre todo en los transportes públicos.
      Muy bueno lo de los nombres de R. R. Martin. Yo al principio les ponía motes porque era incapaz de acordarme de cómo se llamaban todos. Motes como “el principito”, “la niña espadachina” “el bastardo” Ahora ya me los he aprendido (casi todos);)
      Saludos!

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  3. La niña espadachina es una caña jajaja.

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  4. Me ha gustado tu entrada. Yo no voy mucho en metro ni tren, pues vivo en un pueblo y aquí se estila más en ir en burro, pero las veces que me muevo en metro me parece un lugar especial, me sale mi vena lírica. Me parece cierto lo que cuentas en tu entrada, pero me quedo con el final.
    Besos de la puta y el escribano.
    Ah! y espero que sigas con el blog, yo también tengo uno que todavía es más nuevo que el tuyo.
    Te dejo mi enlace y me suscribo.
    http://laputayelescribano.blogspot.com.es/

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    1. Gracias Kyra por leer mi blog! El metro es una jungla, encuentras de todo jejejeje
      Me ha gustado tu blog, te sigo! espero que tengamos suerte ;)
      Besos!!

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