domingo, 25 de agosto de 2013

Julieta Capuleto


Romeo y Julieta no es mi obra preferida de Shakespeare. Ni siquiera es la segunda ni la tercera. Antepongo otras, como Hamlet, el rey Lear, Macbeth, o, la que para mí despunta, Othello (cuyo final hoy día sería políticamente incorrecto y censurado). Sin embargo, Romeo y Julieta se ha llevado el aplauso más fuerte, al menos la fama más eminente. Todo el mundo, hasta el lector nulo, conoce la historia de las dos familias enfrentadas y los dos jóvenes enamorados sufriendo indeciblemente.  Y es que la historia vende. De hecho, vende tanto que ha sido pionera de muchas otras que se esfuerzan en reproducir ese amor imposible. Algunas son fáciles, y tratan de avivar las hormonas femeninas: Crepúsculo, Titanic, El diario de Noah. Otras, un poco más elaboradas, o al menos, con un contexto político o situacional arduo: Casablanca, el paciente inglés, Brokeback Mountain.  Incluso Vicky Cristina Barcelona tiene algo de amor imposible. En fin, la lista es eterna, y no podría enumerarlas todas.
Como Romeo y Julieta es pionera, en Verona, han buscado una plaza bonita, quizá la más bonita de la ciudad, a la cual se accede por un callejón para llegar luego a un patio lleno de luz y lleno de ventanas floreadas. Y allí, en lo alto de una de las casas, han instalado El balcón de Julieta.
Es un palco pequeñito y romántico, muy femenino, que desprende amor sólo con mirarlo. Subir cuesta 6 euros y la acción se desarrolla así: Sube una chica con su acompañante (6x2=12 euros), ella sale al balcón, de manera que las personas que esperan en la plaza pueden verla actuando como si fuera Julieta, y su acompañante se asoma por una ventanita para poder fotografiarla.
Hasta el día antes de ir a Verona creí que subiría al balcón y, como todas, haría la gracieta, pero en el momento en que miraba hacia arriba y contemplaba a una chica rubia y nórdica saludar mientras su novio la fotografiaba desde la ventanilla pensé: Julieta no es real, nos están timando.
Si Julieta hubiera nacido en Verona, si hubiera crecido en aquella casa, si hubiera arrastrado los bajos de su vestido por aquellas escaleras que conducían a su balcón, hace tiempo que hubiera visitado su casa. Pero no es el caso. Julieta es un personaje ficticio, creado en la imaginación de un dramaturgo inglés. Ni ella ni Romeo existieron, igual que tampoco existió toda la tropa de Montescos y Capuletos. Así que, de repente, no me apetecía subir, porque me pareció que algún oportunista había hecho negocio a costa de Shakespeare. Pensé que sería más o menos como si alguien escogiera un piso al azar en Barcelona, llenara la buhardilla de palomas y dijera: aquí vivió Colometa, si quieres entrar cuesta 6 euros. No creo que Mercè Rodoreda se sintiera orgullosa. La verdad es que me gusta Shakespeare, y es por esto por lo que no quise subir al balcón. Era un genio de la literatura. Sus  obras están plagadas de continuas referencias históricas y culturales mediante frases con doble significado.
Con esto no quiero decir que la plaza no me gustara. En realidad es un encanto.  Además del balcón, una estatua de Julieta se erige de pie, con expresión melancólica. Ya mirándola ves que está enamorada.  Pero mientras luchaba entre los codos de las turistas que abarrotaban el recinto tratando de subir al balcón, hacerse una foto con Julieta o pegar un posit en una pared de ladrillo, no podía dejar de repetirme: todo por la pasta.
Y me dio pena.
Estuve a punto de comprar un candado rosa, pero mientras los miraba en la tienda de recuerdos oí como una chica le decía a su novio que cuando hay demasiados los quitan. No sé si será verdad, pero parece lógico. Así que tampoco compré el candado. Le hice una foto a Julieta como pude, contemplé las paredes y hui del tumulto.
Sin embargo, no todo es dinero y negocio en la plaza de Julieta. Como siempre, lo que decanta la opinión es el sabor de boca que te queda al final. Es como ver una película, aunque sea mala, si el final es bueno, de repente, ya no parece tan lamentable. A pesar de no subir al balcón ni de comprar mi candado rosa me marché de Verona contenta. No hace falta que diga que es un pueblo de una preciosidad exagerada. Cada año miles de mujeres acuden a Verona, porque Julieta será siempre la mujer que (ficticia o real) ha protagonizado la mayor historia de amor que existe, y eso la convierte en una heroína romántica. Nadie imagina a Julieta con defectos. Es perfecta. Es bella, serena y pacífica, buena y amable.  No la imagino enfadada en un atasco de coches, ni mareada después de haberse excedido con el vino. No conspira, no critica, no es torpe. Por eso, durante un momento, en esa plaza las mujeres rebosan felicidad al poder sentirse Julieta, y pensar que el amor eterno sí existe. Sólo hay que ver la cara radiante con que todas esas chicas salen al balcón, y eso merece la pena verlo. Ellas saben que Julieta es ficticia, que el palco es una estafa, pero aun así es bonito y divertido, y durante unos minutos brota una ilusión casi infantil. Y es que un mundo sin fantasías sería hosco y sombrío.
Shakespeare consiguió el sueño de todo escritor, llegar al corazón de los lectores y hacer de sus personajes iconos, y lo admiro por ello.
 

2 comentarios:

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    1. Es verdad lo que dices, parece que el molde sea siempre el mismo: Chico malo y chica buena e inexperta.
      No he visto la película que comentas, ni sabía cuál era, pero acabo de buscarla y me he sorprendido al ver que el actor protagonista me gusta bastante, de hecho hoy mismo he visto una suya, así que me apunto tu recomendación! :D
      Tu anécdota de la pareja es triste, porque cada vez que miren la foto que tu hiciste sólo recordarán que ese día estaban enfadados. Pero como has dicho, tienen que hacérsela para enseñarla en casa ;)
      Saludos Albert!

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