domingo, 22 de febrero de 2015

Generación Disney VS generación Bershka

Hace unos días cogí el tren para volver a casa después del trabajo. Me senté junto a la ventana y, sin ganas de leer ni escuchar mi ipod, comencé a pensar en mis cosas. Trabajo, trabajo, trabajo, relación fracasada, trabajo, trabajo, relación fracasada, trabajo, mi gata es ciega, tengo que llamar a mi madre.
Al llegar a la siguiente estación (la más céntrica de la ciudad donde vivo) el tren se llenó con ese ímpetu desesperado y casi catastrófico que demuestran las personas a la hora de conseguir un asiento. Dos chicas entraron a la vez, tocándose repetidamente para no perderse (como si el tren fuera a llevarlas a lugares diferentes), y enseguida se sentaron a mi lado. Soy terrible para las edades pero si tuviera que apostar diría que no llegaban a los veinte años. Tenían una apariencia creativa y moderna, o sólo llamativa, no lo sé. Soltaron una risa escandalosa, o al menos a mí me lo pareció, que me hizo bajar de la nube laboral, sentimental, gatuna y maternal en la que flotaba. Traté de centrarme en mis cosas, pero ya resultó imposible. Hablaban de chicos, y una de ellas, la rubia con una admirable seguridad en sí misma, dijo: ¿sabes? ¡Es que no, no quiero nada con él! Y seguidamente soltó una risa burlona.
La otra, la pelirroja carnosa, dijo: ¿No te atrae?
Noté el cuerpo de la rubia erguirse a mi lado, y cómo se giraba para contemplarse en la ventilla mientras se peinaba la coleta alta. La miré un segundo, rápidamente y sin querer, fue un acto reflejo. Tenía granitos en las mejillas.
Y entonces dijo, con una sonrisa de oreja a oreja: Sí me atrae, pero no necesito ser novia de nadie para quererlo y tirármelo.
Y ahí empezó mi drama, justo en el instante en que sus risas se mezclaban con el sonido del iphone de alguien, la conversación de pareja de atrás y el traqueteo del vagón mientras tomaba velocidad.
Luego añadió: Yo soy muy libre, y hago lo que quiero, tengo muchos amigos, así que no voy a dedicarle el tiempo que me pide.
Y entonces, la pelirroja carnosa añadió: ¡Qué mono, quiere verte más!
Y ahogaron una risa.
Encendí el ipod y me puse los cascos, porque odio ser tan cotilla.
De todo aquello lo que me sorprendió no fue la libertad que expresaban para las relaciones amorosas y sexuales, porque todo es respetable, sino el tono burlón y despectivo de sus palabras. Me pareció que se reían de aquel pobre chico.
Me di cuenta de que esa chica, sufriría poco por amor. Nunca se sabe y como dice mi jefe, todo puede ser, pero pensé que con una mentalidad tan fría y aquella falta de romanticismo, las hostias deben de doler menos. No es bueno generalizar, porque siempre existe alguien que levanta la mano para decir que él/ella no es así, y seguramente lleva razón, pero en ese momento supe que la generación de finales de los noventa (la suya), a diferencia de la de principio de los ochenta (la mía), no está marcada por las películas Disney, donde tarde o temprano, pase lo que pase, el príncipe aparece. Sino que se rige por el consumo excesivo y por el acceso ilimitado a cualquier capricho. Tuve la sensación que para aquella chica de la coleta alta su amigo/novio/amante, lo que fuera, era como las camisetas del Bershka, accesibles, baratas y fabricadas en cadena. Y pensé que hoy en día, las personas se aburren con exagerada facilidad, y viven a la búsqueda de “algo nuevo”. Ropa, móvil, parejas, tecnología, muebles; todo parece de usar y tirar.
La literatura no es una excepción. Las novelas también se han convertido en víctimas del consumo rápido. Las historias ya no marcan a los lectores, y éstos olvidan el argumento de aquella novela que hace dos meses tanto les fascinaba. Hoy les preguntas por ellas y casi no recuerdan el nombre del personaje. Pero una vez más, estoy generalizando.
La vida parece fulminante, es como si nadie se detuviera a apreciar lo que le rodea. Si puedes tenerlo todo, ¿por qué conformarte con lo mismo de siempre?
Hace bastante tiempo una amiga mía (A.) me dijo: la culpa es de Disney, que nos enseñó a esperar al príncipe. Pero la chica del tren, la de la coleta alta, no esperaba ningún príncipe. Estaba bastante claro.
Pensé en los príncipes Disney y me di cuenta de que ni yo ni nadie, ni siquiera Blancanieves ni La Cenicienta sabíamos mucho de ellos. Y lo peor, supe que algunas princesas Disney tienen problemas emocionales.
 1. Ariel, en edad de instituto y sin problemas familiares, se fuga de casa, hipotecando a su padre (no la casa sino el reino) para pasar tres días con un chico de su edad al que ha visto un rato cuando estaba medio ahogado.
2.Jasmine sufre bipolaridad. Se enamora de un mendigo al que adora desde el principio y al día siguiente de un príncipe al que detesta, y cuando averigua que son la misma persona se convierte en lo más parecido a Mr. Hyde.
3. Blancanieves, que era princesa y por tanto dueña y señora de su casa, accede de forma sumisa a las órdenes de su madrastra y se convierte en su sirvienta. Cuando el cazador la libera consigue llegar a la casa de Los siete enanitos (ayudada por los animales del bosque, no por capacidad propia) para volver a convertirse en sirvienta de éstos. Cuando una desconocida le ofrece la manzana ella declina la oferta, pero no hacen falta muchos intentos para convencerla.
4. Bella padece síndrome de Estocolmo. Y de los graves. Tiene la posibilidad de huir de quien encerró en un calabozo a su padre, pero decide volver. Al final de la película Bestia la libera, la deja marchar para siempre, pero ella regresa al castillo, una segunda vez, porque se ha enamorado de su raptor.

Y pensé que los extremos no son buenos. ¿Dónde está ese punto medio entre Disney y el Bershka compulsivo? 

2 comentarios:

  1. Querida Indira, echaba de menos tu lucidez y tu ironía, presentes ambas de forma abrumadora en este texto. Yo era "el sastrecillo valiente" (igual te acuerdas de mí) que ahora ha cambiado de identidad. Bueno, de identidad y ordenador, ahora tengo un flamante portatil hp con 1 tera de disco , windows 8 y toda la baina, pero mi ausencia prolongada ha sido por el escarallarse del viejo y el tener que ahorrar para pagar el nuevo. Si me permites una reflexión añadida a la tuya, el único punto bueno que le veo a esta crisis va a ser que saldrá una generación menos consumista y con más valores, espero no qequivocarme....Un saludiño.

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    1. Hola Sastrecillo! Claro que me acuerdo! Blog nuevo? jeje te sigo ;)
      Mi ordenador no anda muy fino últimamente tampoco! También voy a tener que renovarlo en breve...
      Muchas gracias por tu opinión!!
      Un beso :)

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